• Deslicé mis manos hacia su cinturón y, sin dudarlo, desabroché sus pantalones. Su erección ya era evidente, y cuando bajé sus jeans, su miembro salió firme y caliente, palpitante contra mi mano. Relato erótico.


  • Los tres observadores entraron en la sala. Dos mujeres y un hombre. Todos desnudos, sus cuerpos eran variados, pero claramente experimentados en lo que estaba por suceder. Relato erótico.


  • Sin embargo, lo más intenso estaba por llegar. Mientras la boca seguía trabajando en mi clítoris, sentí cómo otro par de manos se unía a la exploración de mi cuerpo. Relato erótico


  • —¿Y quién crees que era tu esposo? —preguntó. Miré a Jaime, dudando por un segundo, y luego señalé al tercer hombre, segura de mi elección. Pero el médico negó con la cabeza. Relato erótico.


  • Jaime, de pie frente a nosotras, parecía atónito, nervioso. La idea era simple: tenía que aprender a «reconocer» mi cuerpo solo con el tacto de su pene.


  • Sonreí, sabiendo que estaba a punto de intensificar aún más su confusión. Marta se subió a la cama y se posicionó sobre su rostro, colocando su vulva justo encima de su boca.


  • Marcos se acercó a mí, sus manos bajando más hacia mi entrepierna, acariciando suavemente la piel húmeda entre mis muslos. Cerré los ojos nuevamente, dejándome llevar por la sensación de sus dedos que rozaban mis labios.


  • La imité, dejando que mis dedos exploraran de nuevo, pero esta vez, no estaba sola. Lucía me observaba con atención, sus ojos siguiendo cada uno de mis movimientos, y yo los de ella. Relato erótico.