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«Por favor, desnúdense completamente y acuéstense en las camillas,» dijo Kai con una sonrisa tranquilizadora. Juan y Laura se miraron, un poco sorprendidos, pero siguieron las instrucciones. Relato erótico
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La penetración de Lucas era más profunda aún en esa postura. Mi cuerpo se abría por completo, entregado, rendido, en un vaivén que mezclaba dolor dulce con un éxtasis que me arrancó un orgasmo tan intenso que grité hasta quedarme sin aire. Relato erótico.
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Cuando entró en mí, lo hizo despacio, con una lentitud casi dolorosa al principio, estirando mis paredes internas con una fricción deliciosa, llenándome.
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Cuando se despojó de su ropa interior, vi su erección, gruesa y prominente, que me hizo jadear involuntariamente. No había experimentado algo así antes, y mi mente luchaba por procesarlo mientras mi cuerpo reaccionaba con una mezcla de deseo y nerviosismo. Relato erótico.
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Me exploró como si cada parte de mi cuerpo fuera una cepa distinta. Me abrió despacio, con una mezcla de ternura y firmeza que me hizo gemir desde la primera caricia.
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La primera pareja era amable y respetuosa. La mujer introdujo sus dedos suavemente mientras yo hacía los ejercicios, guiada por la anfitriona. “Impresionante,” murmuró, retirando la mano con una sonrisa de admiración. Relato erótico
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Me inclino hacia adelante, presionando mi pecho contra el suyo, y gimo suavemente al sentir su calor. Mis manos recorren su espalda, delineando cada músculo con deliberación. Relato erótico
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Mi clítoris palpita ligeramente con cada movimiento, enviando pequeñas descargas de placer que se ramifican hacia mis muslos y baja espalda. Pero no es solo eso; es más profundo. Relató erótico
