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Ambos se veían expectantes, sus erecciones ya visibles, anticipando lo que vendría. Sabía que Marcos, mi esposo, estaba sentado a un lado, viéndolo todo. La idea de ser observada, de estar en el centro de una escena tan cargada de erotismo, me encendía aún más. Relato erótico.
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Al día siguiente, el taller cambió de tono. Lucas nos reunió en una sala amplia con colchonetas dispuestas en el suelo. Nos pidió que nos quitáramos la ropa, que dejáramos de lado la vergüenza, y que confiáramos en el proceso. Relato erótico.
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Apoyo mi espalda contra la pared del ascensor y me desabrocho los pantalones, bajándolos lo justo, dejando al descubierto mi sexo. Relato erótico.
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Decidió llevar el juego un paso más allá. Se sentó nuevamente en la hamaca, esta vez de espaldas a ellos, con las piernas separadas y su cuerpo inclinado ligeramente hacia adelante, dejando que el bikini cubriera lo justo, pero dejando entrever la curva de su trasero. Sabía que eso los volvería locos. Relato erótico.
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El clímax de los tres se sentía cercano, tangible en el aire. Clara, entre el placer de la penetración de David y el sabor de Sofía en su boca, comenzó a temblar, su cuerpo convulsionándose mientras un orgasmo poderoso la atravesaba. Relato erótico
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Entonces, su mano, áspera y cálida, empezó a deslizarse lentamente por mi muslo, subiendo poco a poco, con una mezcla de torpeza y deseo palpable. Relato erótico
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Entramos en la sala, todos desnudos, como ya era costumbre. Sin embargo, esa mañana, la disposición de los cuerpos parecía más íntima, más entrelazada. Clara nos pidió que formáramos un círculo y que nos tomáramos de las manos. Relato erótico
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Al tercer día, Clara nos propuso algo aún más intenso. Nos pidió que nos colocáramos en parejas, pero no con nuestras parejas habituales. Cada uno de nosotros fue asignado a alguien nuevo. Relato erótico.
