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“Empezad suavemente. María, quiero que te acerques y acaricies el área alrededor de su miembro, sin presionarlo de inmediato. Con el dorso de tus dedos, comienza a explorar la piel de su abdomen y el vello alrededor” Relato erótico.
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Sus manos se desplazaban con precisión, mapeando mi cuerpo con una devoción que me hacía estremecer. Su boca recorría cada línea de mi cuello, bajando hasta mis hombros y luego a la curva de mis senos. Relato erótico
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Marta era hermosa, su piel brillaba bajo la luz suave, cada curva y cada centímetro de su cuerpo exhibido sin ningún tipo de vergüenza. Sentí un tirón en mi pecho, un torbellino de celos y deseo. Relato erótico
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Sentí el rubor en mis mejillas al ver su expresión confiada. Pasamos al dormitorio que él y Marta compartían, y sus manos, inesperadamente suaves y firmes, tomaron las mías. Relato erótico.
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La pareja nudista que habíamos visto instalándose un poco más allá se acercó a nosotros. Él, de piel bronceada y cabello oscuro, caminaba con confianza, mientras ella, una mujer atractiva de melena rubia, lo seguía con una sonrisa amigable. Relato erótico.
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Me llevó de la mano, sin decir más, a través de una cortina que separaba el salón principal de una habitación más íntima. Al entrar, noté que había varias parejas y tríos ya inmersos en sus propios juegos. Relatos eróticos
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—Hoy es el último día —comenzó diciendo, caminando alrededor nuestro—. Hoy aprenderán no solo a dar y recibir placer, sino a fundirse completamente en el momento, a disolver cualquier límite que haya quedado entre ustedes y los demás. Relato erótico
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Al día siguiente, el taller cambió de tono. Lucas nos reunió en una sala amplia con colchonetas dispuestas en el suelo. Nos pidió que nos quitáramos la ropa, que dejáramos de lado la vergüenza, y que confiáramos en el proceso. Relato erótico.
