Trio en sesión de webcam

Sofía y Clara, dos jóvenes de 19 años, estaban solas en casa, sabiendo que no volvería nadie hasta la noche. La tarde avanzaba lentamente, y tras varias conversaciones traviesas, decidieron dar un paso más en sus juegos secretos: abrir una sesión de webcam privada. La idea de ser observadas mientras jugaban con sus cuerpos les llenaba de una excitación que ninguna había experimentado antes. 

—¿Estás segura? —preguntó Clara, con el rostro levemente sonrojado, pero con una chispa en sus ojos que delataba su curiosidad.

—Claro —respondió Sofía, sonriendo mientras ajustaba la cámara frente a ellas. Su piel brillaba bajo la tenue luz del atardecer, resaltando el delicado encaje negro de su sujetador que apenas cubría sus senos firmes.

Ambas chicas llevaban conjuntos de lencería elegidos cuidadosamente: Sofía en negro, con transparencias que dejaban entrever sus pezones erectos, y Clara en un suave color rosa que contrastaba con su piel ligeramente bronceada. La tensión sexual llenaba la habitación a medida que los primeros mensajes empezaban a llegar de sus seguidores.

—Quieren que nos toquemos… —dijo Clara, mordiendo su labio inferior, mientras leía una de las solicitudes que llegaban en cascada.

Sofía no dudó. Con un gesto decidido, se acercó a Clara, sus dedos acariciando el borde del encaje en la parte superior de sus muslos, subiendo lentamente. La respiración de Clara se aceleró. El ambiente estaba cargado, y la atmósfera de estar siendo observadas solo aumentaba la intensidad. Sofía se inclinó hacia adelante, su aliento cálido rozando la piel del cuello de Clara, y sus labios suaves rozaron los de ella en un beso lento, explorador.

Los mensajes seguían llegando, cada vez más insistentes. «Más cerca», «quiero ver cómo te tocas», pedían los seguidores, y ambas chicas se miraron antes de continuar. Clara, más tímida, dejó que Sofía liderara. La mano de Sofía se deslizó entre las piernas de Clara, acariciando suavemente sobre la tela de sus bragas. El cuerpo de Clara se estremeció al sentir los dedos de su amiga, tocando justo donde la humedad empezaba a acumularse, sus labios vaginales hinchados de deseo.

—Relájate… —susurró Sofía, sus ojos brillando mientras acariciaba a Clara, trazando lentamente los contornos de su vulva a través del tejido fino.

Clara cerró los ojos, dejándose llevar por las sensaciones. Sus propios dedos encontraron el camino hacia los senos de Sofía, rodeando sus pezones erectos, pellizcándolos suavemente. Sofía gimió al sentir el toque de Clara, su cuerpo respondiendo con una oleada de calor que recorrió su espalda y bajó hasta sus entrañas.

Justo en ese momento, la puerta de la casa se abrió. Era David, el novio de Sofía. Al escuchar susurros y gemidos, subió las escaleras y abrió la puerta de la habitación. Lo que encontró lo dejó paralizado: Sofía y Clara, entrelazadas, tocándose mientras una cámara capturaba cada movimiento.

—¿Qué es esto…? —preguntó, sorprendido, pero con una evidente curiosidad en su tono.

Sofía, sin perder la compostura, lo miró con una sonrisa provocativa mientras mantenía su mano entre las piernas de Clara, quien se mordía el labio, claramente excitada por la situación.

—Estamos jugando para la cámara —dijo Sofía—. ¿Quieres unirte?

David dudó solo un instante antes de caminar hacia ellas. Su mirada recorrió los cuerpos jóvenes y expuestos de las chicas, y pronto se dejó llevar por la situación. Sofía le indicó que se sentara en la cama mientras ella y Clara continuaban. Sofía bajó la cabeza hasta el pecho de Clara, y sus labios rozaron sus pezones erectos, lamiéndolos con lentitud, haciendo que Clara gimiera bajo su toque.

David observaba en silencio, excitado por lo que veía, hasta que Sofía lo invitó a participar. Se acercó a Clara, y con un movimiento suave, deslizó sus dedos entre la tela húmeda de sus bragas, acariciando su vulva ya empapada. Clara arqueó la espalda al sentir su toque, sus piernas separándose más para permitirle acceso. 

Sofía, mientras tanto, se desnudó completamente y se arrodilló frente a David, liberando su erección, envolviendo sus labios alrededor de su miembro mientras sus ojos se mantenían fijos en los de Clara. Los gemidos de placer de Clara llenaban la habitación, y el ritmo de las caricias de David entre sus piernas aumentaba.

La intensidad de la escena era electrizante, y los seguidores en la webcam no dejaban de pedir más.

El ambiente en la habitación se volvió denso, cargado de deseo y expectación. Los ojos de Clara se cerraron con fuerza mientras David continuaba acariciando su entrepierna, sus dedos hábiles explorando su vulva ya empapada. Sofía, con la mirada fija en Clara y su cuerpo completamente expuesto, se entregaba a su propia tarea, moviendo los labios sobre el miembro erecto de David con una precisión provocadora. Sus movimientos eran lentos al principio, saboreando cada pulgada, antes de acelerar, escuchando los jadeos que escapaban de los labios de su novio.

Clara, con el rostro enrojecido por la excitación, abrió los ojos para encontrarse con los de Sofía, quienes le devolvieron una mirada cargada de lujuria. Los mensajes en la pantalla seguían llegando sin parar, pero para las tres personas en la habitación, el mundo exterior había dejado de existir. Todo lo que importaba era el calor que emanaba de sus cuerpos, la proximidad de sus pieles y el inminente clímax que se sentía a punto de estallar.

David, incapaz de resistirse por más tiempo, retiró su mano de entre las piernas de Clara y, con un gesto firme, la giró hasta colocarla de rodillas sobre la cama, sus nalgas redondeadas levantadas hacia él. Clara jadeó ante el cambio de posición, sus manos aferrándose a las sábanas mientras sentía la mirada intensa de Sofía, que aún estaba arrodillada frente a David.

Sofía, excitada por la visión, se levantó y se colocó junto a Clara, dejando que sus manos recorrieran la espalda de su amiga, bajando hasta sus nalgas, separándolas suavemente para David. Este no tardó en posicionarse detrás de Clara, su miembro duro presionando contra la entrada de su vagina, que ya estaba húmeda y lista. Con un suave empuje, David la penetró lentamente, llenándola completamente.

Clara soltó un gemido profundo, sintiendo cómo su cuerpo se abría para recibirlo, mientras Sofía, completamente excitada por la escena, se inclinaba sobre ella para besarla, sus lenguas entrelazándose mientras el ritmo de las embestidas de David se aceleraba. Cada movimiento hacía que los gemidos de Clara aumentaran, su cuerpo moviéndose al unísono con el de David, sus caderas chocando rítmicamente mientras el placer los envolvía.

Sofía, sin poder resistir más, se colocó detrás de David, acariciando su espalda y sus nalgas, antes de deslizar una mano entre sus piernas, acariciando sus testículos mientras él seguía empujando dentro de Clara. El calor en la habitación era insoportable, y los tres cuerpos brillaban de sudor y deseo.

—Más… —gimió Clara, su voz apenas audible entre los jadeos y gemidos. Sofía, respondiendo a su petición, se movió hacia adelante, posicionándose frente a Clara, abriendo sus piernas para que su amiga pudiera lamerla. Clara no dudó en inclinarse hacia abajo, su lengua encontrando el clítoris de Sofía, lamiéndolo con precisión, mientras sus gemidos se mezclaban con el ritmo de las embestidas de David.

Sofía arqueó la espalda ante el contacto, sus dedos enterrándose en el cabello de Clara mientras el placer recorría su cuerpo como una corriente eléctrica. David aumentó el ritmo, sus embestidas cada vez más rápidas y profundas, sintiendo cómo el cuerpo de Clara reaccionaba a cada empuje, sus paredes internas apretándose alrededor de su miembro.

El clímax de los tres se sentía cercano, tangible en el aire. Clara, entre el placer de la penetración de David y el sabor de Sofía en su boca, comenzó a temblar, su cuerpo convulsionándose mientras un orgasmo poderoso la atravesaba. Sus gemidos se ahogaron en la piel de Sofía, quien, a su vez, alcanzó su propio clímax al sentir la lengua de Clara acariciar su clítoris con más intensidad.

David, al sentir cómo las paredes de Clara se apretaban a su alrededor, dejó escapar un gemido ronco, y con un último empuje, se liberó dentro de ella, su cuerpo tensándose mientras alcanzaba su propio orgasmo.

La habitación quedó en silencio, excepto por las respiraciones entrecortadas de los tres. Sofía y Clara se derrumbaron sobre la cama, exhaustas, mientras David se retiraba lentamente, su cuerpo aún temblando por el placer reciente. Los tres se miraron, satisfechos y exhaustos, sabiendo que aquel momento quedaría grabado en sus mentes

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