
El fin de semana prometía ser una escapada relajante para ambas parejas. Lucía y Javier, junto con Paula y Marcos, habían planeado pasar unos días en un pequeño y acogedor resort en la montaña. Al llegar, se encontraron con la sorpresa de que, por error en la reserva, tendrían que compartir una habitación. Al principio, la situación les pareció incómoda, pero después de unos minutos de risas y bromas, decidieron que podían hacerlo funcionar.
La habitación era cálida, con dos camas grandes separadas por una lámpara de pie, y un fuego crepitaba en la chimenea, envolviendo el espacio en una atmósfera íntima. Fuera, la lluvia golpeaba las ventanas, intensificando la sensación de cercanía. Mientras tomaban algunas copas de vino tras la cena, las bromas se volvieron más atrevidas, y el ambiente entre los cuatro se fue volviendo más denso, más cargado de energía sexual.
Paula, siempre la más extrovertida del grupo, fue la primera en romper el hielo.
—¿Alguna vez se han preguntado qué hacen otras parejas en privado? —dijo, recostada en la cama y mirándolos con una sonrisa pícara—. Ya que estamos aquí… ¿por qué no descubrirlo?
Lucía, siempre curiosa y con una chispa de deseo en los ojos, se acercó lentamente a Paula. Sus dedos empezaron a recorrer su brazo, trazando líneas suaves sobre su piel, provocando un leve estremecimiento en Paula. Javier y Marcos observaban desde la otra cama, sin intervenir, pero claramente excitados por la escena que comenzaba a desarrollarse.
Las manos de Lucía continuaron su exploración, moviéndose con lentitud hacia los hombros de Paula y luego descendiendo hacia sus pechos. Paula cerró los ojos, disfrutando del toque suave, pero lo que más la estremeció fue cómo Lucía se detuvo un momento para acariciar el cuello de Paula. El cuello, siempre una zona erógena, se volvió un punto de placer cuando los dedos de Lucía rozaron suavemente la piel. Paula dejó escapar un suspiro bajo, sus labios entreabiertos reflejando el creciente deseo.
Marcos, viendo a las dos mujeres explorar sus cuerpos, decidió acercarse a Lucía desde atrás. Sus manos comenzaron a acariciar sus hombros y espalda, bajando hacia la parte baja de su espalda, cerca de las caderas, donde la piel era más sensible y reactiva al contacto. Los dedos de Marcos rozaban con delicadeza la línea de la columna vertebral de Lucía, provocando que ella también suspirara, su cuerpo relajándose bajo el toque de su pareja.
Mientras Lucía seguía acariciando los pechos y el abdomen de Paula, decidida a explorar más allá, Paula abrió los ojos y miró a Javier. Con una sonrisa coqueta, se inclinó hacia él y deslizó sus manos hacia su muslo interno, una de las zonas más sensibles de su cuerpo. Paula sabía lo que hacía. Mientras sus dedos acariciaban suavemente el muslo de Javier, lo hizo consciente de la cercanía con su entrepierna, creando una expectativa que lo hacía contener la respiración.
—¿Te gusta cómo se siente? —preguntó Paula en un murmullo, mientras sus dedos se acercaban más a la parte interna de los muslos, donde la piel es más fina y cada roce se amplifica.
Javier apenas podía articular una respuesta. El contacto en esa zona era eléctrico, enviando pequeños pulsos de placer directamente a su abdomen. Las caricias de Paula en la parte interna de los muslos lo tensaban de anticipación, pero también lo relajaban en su entrega al placer.
—Es increíble… —logró susurrar Javier, mientras su cuerpo respondía a cada toque.
Lucía, mientras tanto, había comenzado a acariciar los pechos de Paula con más intensidad, sabiendo cómo el tacto en los pezones podía desencadenar oleadas de placer en su amiga. Paula arqueó la espalda, dejándose llevar por las sensaciones, pero no detuvo su exploración del cuerpo de Javier. Sus manos finalmente se deslizaron hacia sus testículos, acariciándolos con suavidad, sabiendo que eran una de las zonas más sensibles en su cuerpo.
—Tienes que ser delicada aquí —susurró Lucía, observando cómo Paula continuaba con sus caricias—. Este es uno de los puntos más erógenos de un hombre.
Javier dejó escapar un gemido ahogado cuando Paula aplicó una ligera presión, sus dedos acariciando con cuidado, explorando cada rincón de su entrepierna. Cada toque aumentaba la tensión en su cuerpo, su respiración se volvía más pesada y sus músculos se contraían mientras el placer se acumulaba rápidamente. Paula alternaba entre suaves caricias en los testículos y un toque más firme en el pene, haciendo que Javier se moviera involuntariamente, buscando más contacto.
Marcos, viendo la reacción de Javier, decidió unirse a la acción. Se inclinó hacia Lucía y comenzó a besarla en la parte baja de su cuello, justo donde terminaba su mandíbula. Sabía que esa era una de sus zonas favoritas, un lugar donde una ligera presión podía enviar ondas de placer por todo su cuerpo. Lucía, atrapada entre el placer que daba a Paula y el que recibía de Marcos, dejó escapar un suave gemido mientras sentía las manos de Marcos moverse hacia la parte baja de su espalda y luego más abajo, acariciando sus glúteos con una firmeza que la hacía estremecer.
—No te detengas —murmuró Lucía, moviéndose ligeramente al ritmo de las caricias de Marcos.
Mientras tanto, Paula había comenzado a acariciar el perineo de Javier, ese punto sensible entre los testículos y el ano, que a menudo es ignorado pero que puede intensificar el placer de forma increíble. Javier dejó escapar un jadeo al sentir las caricias de Paula en esa zona, sus caderas moviéndose instintivamente al ritmo de sus dedos. El contraste entre las caricias suaves en el perineo y los toques más firmes en su pene lo llevaron rápidamente al borde del clímax.
—Así es… —murmuró Paula, mientras sus dedos trazaban círculos alrededor de su entrepierna, intensificando el ritmo y la presión—. Deja que todo el placer se acumule.
Javier no podía contenerse más. Su cuerpo se tensó, y con un gemido ahogado, alcanzó el clímax, su cuerpo temblando bajo las oleadas de placer que lo atravesaban.
Pero la noche aún no había terminado. Marcos, observando cómo su amigo se dejaba llevar por el clímax, sintió el deseo arder aún más fuerte en su propio cuerpo. Colocó a Lucía sobre él, sus manos firmemente en sus caderas mientras ella comenzaba a moverse lentamente sobre su erección. Sabía cómo moverse, encontrando el ángulo perfecto para rozar su clítoris contra su cuerpo, intensificando las sensaciones con cada movimiento.
Lucía se movía con precisión sobre Marcos, rozando su clítoris contra su pelvis mientras las manos de él seguían explorando sus caderas y la parte interna de sus muslos. Sabía exactamente cómo moverse, encontrando el ángulo perfecto para intensificar la estimulación. Mientras tanto, Marcos respiraba profundamente, deleitándose con la sensación de Lucía moviéndose sobre él. Los músculos de su abdomen se tensaban con cada movimiento, y sus manos comenzaron a guiarla con más firmeza, incitándola a moverse con más intensidad.
—No pares… —murmuró Marcos, su voz ronca por la creciente excitación—. Te quiero sentir más.
Lucía, sintiendo el control total de la situación, sonrió mientras inclinaba su cuerpo hacia él, aumentando la presión entre ellos. Sin embargo, tanto Lucía como Marcos sabían que querían más. El roce y la fricción los habían llevado hasta el borde, pero ambos deseaban el contacto más profundo.
Con una mirada de entendimiento, Marcos la levantó ligeramente para posicionarse mejor, y lentamente, Lucía permitió que él la penetrara con suavidad. Al sentirlo dentro, ambos dejaron escapar un gemido simultáneo, sus cuerpos encontrando un ritmo natural. La penetración fue lenta al principio, casi un susurro, pero pronto sus movimientos se volvieron más intensos y apasionados.
—Así… —gimió Lucía, mientras el placer comenzaba a acumularse en su abdomen.
Marcos comenzó a moverse con más fuerza, sus manos aferrándose a las caderas de Lucía, guiándola hacia abajo mientras él empujaba hacia arriba. Cada vez que él entraba en ella, su clítoris rozaba su pelvis, creando una sinergia perfecta entre la penetración profunda y la estimulación externa. El placer era incesante, creciente, y ambos podían sentir cómo se acercaban rápidamente al clímax.
Mientras tanto, Paula, completamente fascinada por la escena frente a ella, comenzó a acariciar los pezones de Lucía, aumentando aún más la estimulación. Sus dedos trazaban círculos suaves y constantes sobre la piel sensible, enviando pequeñas descargas eléctricas de placer directo al centro de Lucía.
—Sigue así… —gimió Lucía, su cuerpo temblando mientras el clímax se acercaba más rápido de lo que había anticipado.
Cada empuje de Marcos la llevaba más cerca, su pene rozando las paredes internas de Lucía en el ángulo perfecto. Los músculos de Marcos se tensaban con cada movimiento, sus respiraciones volviéndose más cortas mientras sentía el placer acumulándose rápidamente en su propio cuerpo. La conexión entre ambos era palpable, sus cuerpos perfectamente sincronizados en su búsqueda mutua del clímax.
Marcos podía sentir cómo el cuerpo de Lucía se apretaba a su alrededor, la tensión aumentando con cada movimiento. Sabía que estaba cerca, y decidió aumentar la intensidad de sus embestidas, moviéndose más rápido y más profundo, mientras sus manos mantenían un firme agarre en sus caderas.
—Estoy tan cerca… —susurró Lucía, su voz entrecortada por el placer, mientras sus caderas comenzaban a moverse con más urgencia sobre Marcos.
El placer finalmente la alcanzó. Con un grito ahogado, Lucía sintió cómo el orgasmo la atravesaba como una ola imparable, su cuerpo temblando violentamente mientras las contracciones de su clítoris y sus paredes vaginales intensificaban cada segundo del clímax. Las manos de Paula sobre sus pechos, junto con la penetración profunda de Marcos, hicieron que las oleadas de placer no parecieran tener fin.
Marcos, sintiendo cómo Lucía llegaba a su punto máximo, no pudo contenerse mucho más. Con un último y profundo empuje, su cuerpo también alcanzó el clímax, liberando el placer acumulado en una explosión de sensaciones que lo dejaron exhausto. Su cuerpo se tensó, sus manos apretaron aún más fuerte las caderas de Lucía mientras el orgasmo lo recorría, su respiración acelerada marcando el ritmo de cada ola de placer que sentía.
Ambos permanecieron entrelazados por unos momentos, disfrutando de la calidez de sus cuerpos después del intenso clímax. Las caricias de Paula y las miradas de Javier, que seguían disfrutando del momento, hicieron que el ambiente se mantuviera cargado de una sensación de complicidad y satisfacción compartida.
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