Marta cerró la puerta de la consulta, creando un ambiente íntimo y seguro para Sonia y David. La luz suave, el olor a incienso relajante y el susurro de la música en el fondo preparaban el terreno para una sesión crucial. Llevaban varias semanas trabajando con la pareja, y hoy Marta tenía un objetivo claro: guiarles hacia una experiencia de orgasmo compartido a través de ejercicios prácticos y sensoriales.
—Hoy vamos a centrarnos en el placer mutuo de forma más profunda —dijo, mirándoles con la calidez que inspiraba confianza—. Vamos a dejar de lado la idea de «lograr algo» y simplemente explorar, sentir, dejarnos llevar.
Les pidió que se desnudaran, lentamente, uno frente al otro, mientras Marta observaba con delicadeza, guiando cada gesto, ayudando a despojar cualquier rastro de vergüenza.
—Quiero que os miréis a los ojos mientras lo hacéis. No se trata de lo que viene después, sino de este momento —dijo, su voz serena pero firme.
Cuando ambos estuvieron desnudos, Marta les pidió que se sentaran uno frente al otro, las rodillas tocándose. Las respiraciones eran algo erráticas al principio, la tensión era palpable. Sonia parecía un poco nerviosa, mientras David intentaba mantener la compostura.
—Vamos a empezar con algo simple. Sonia, quiero que coloques tus manos sobre el pecho de David, despacio, sientas su piel bajo tus dedos. David, tú solo respira, siente el contacto.
Sonia obedeció, sus dedos trazando la piel de David con suavidad, mientras Marta observaba la forma en que la tensión comenzaba a disolverse entre ellos. La respiración de ambos se sincronizaba lentamente.
—Bien, ahora cambiaremos. David, quiero que hagas lo mismo. Explora el cuerpo de Sonia, pero recuerda que no estamos buscando un resultado inmediato. Solo concéntrate en el tacto, en la sensación de estar en contacto con ella.
David siguió las indicaciones, acariciando a Sonia con lentitud, recorriendo sus brazos, su cuello, y luego bajando hacia su pecho. Sonia cerró los ojos, entregándose a la sensación, mientras Marta intervenía de nuevo.
—Quiero que os acostéis —dijo Marta mientras se movía alrededor de ellos—, Sonia boca arriba y David a su lado. Vamos a explorar más a fondo.
Sonia se tumbó, su respiración ya más acelerada, mientras David se inclinaba hacia ella. Marta les guió con precisión, explicando cada movimiento con el cuidado de quien comprende el poder del tacto consciente.
—David, quiero que empieces a explorar su cuerpo, pero muy lentamente. Hazlo como si estuvieras descubriendo cada centímetro por primera vez. Concéntrate en lo que te hace sentir y en cómo responde ella.
David comenzó a besar suavemente el cuello de Sonia, bajando por su clavícula, mientras sus manos recorrían sus caderas. Los gemidos suaves de Sonia llenaban la sala, una señal de que se estaba abandonando a las sensaciones.
—Sigue con las caricias, pero no te apresures —dijo Marta, controlando el ritmo—. Explora su vientre, sus muslos, con calma. Quiero que ambos sintáis el placer de la anticipación.
David, con mayor confianza ahora, siguió las instrucciones, sus manos deslizándose por las piernas de Sonia, mientras ella se arqueaba ligeramente, entregándose al tacto.
—Sonia, quiero que te centres en tu respiración, deja que las sensaciones te inunden sin pensar en nada más —le indicó Marta, mientras acercaba una silla para sentarse a su lado—. La respiración es clave. Si te concentras en ella, te ayudará a dejarte llevar por completo.
A medida que el contacto se intensificaba, Marta decidió que era el momento de llevar la sesión un paso más allá.
—David, ahora quiero que te acerques más. Quiero que te concentres en darle placer a Sonia, pero escucha su cuerpo. Usa tus manos y tu boca, pero no pienses en el final. Solo mantén el ritmo, observa cómo responde.
David comenzó a besarla más abajo, deteniéndose en sus caderas y muslos. Sonia jadeaba, sus manos apretando las sábanas bajo ella. Marta les observaba, preparada para intervenir si el ritmo se aceleraba demasiado.
—Sigue ese ritmo, David. No cambies nada, mantén la calma, escucha su respiración —continuaba Marta, su voz casi hipnótica—. Sonia, déjate llevar, siente cómo crece la tensión en tu cuerpo, pero no la fuerces. Permite que suceda cuando esté listo.
Los gemidos de Sonia se hicieron más intensos, su cuerpo se estremecía bajo las caricias de David. Marta podía ver cómo ambos estaban al borde, pero aún no era el momento.
—Aguanta un poco más, Sonia, siente todo, deja que el placer te consuma poco a poco. David, sigue igual, no cambies el ritmo.
Finalmente, tras unos minutos de tensión acumulada, el cuerpo de Sonia se arqueó con fuerza, su respiración se volvió errática, y el orgasmo llegó, fuerte y liberador. David, aún incrédulo, la miró con una mezcla de sorpresa y satisfacción.
—Lo habéis hecho muy bien —dijo Marta suavemente—. Esto no es solo sobre el orgasmo, sino sobre la conexión que habéis construido. Esto es lo que debéis llevaros de aquí.
La sesión terminó, pero Marta sabía que algo profundo había cambiado entre ellos.
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