No podía dejar de pensar en nuestros encuentros. La forma en que Malik me hacía sentir, cómo despertaba cada centímetro de mi piel con sus manos, su mirada intensa, su cuerpo firme contra el mío. Me había convertido en una mujer distinta, segura, libre. Pero lo que no sabía era que Malik tenía algo más planeado para mí, algo que llevaría nuestro juego a un nivel que nunca había imaginado.
Aquella noche, Javier, mi marido, se fue temprano a la cama. Fingí estar ocupada, leyendo en el salón hasta que lo escuché roncar profundamente, como siempre. Mi corazón latía con fuerza, anticipando la visita que sabía que sucedería. Apenas unos minutos después de que las luces en la casa se apagaran, un mensaje de Malik iluminó mi pantalla.
“Ven ahora. Te tengo una sorpresa.”
No pude resistirme. Con un leve temblor en las manos, me escabullí de la casa en la oscuridad de la noche, cruzando el jardín hasta la casa de Malik. No tenía idea de lo que me esperaba, pero el deseo y la curiosidad me guiaban, más fuerte que cualquier pensamiento de culpa.
Malik me recibió en la puerta con una sonrisa que ocultaba algo más, algo que no supe identificar en ese momento. Me tomó de la mano y me llevó adentro, sin una palabra. La casa estaba en penumbra, solo iluminada por algunas velas que proyectaban sombras danzantes en las paredes. Sus manos eran firmes, seguras, como siempre, y me dejé llevar, confiando plenamente en él.
Cuando llegamos al dormitorio, vi algo que me dejó sin aliento. Había otro hombre allí, sentado en el borde de la cama, observándome con una mirada intensa y curiosa. Era un hombre de piel oscura, cabello rizado y cuerpo atlético. No pude evitar sentir un estremecimiento de nerviosismo y excitación recorriéndome. Miré a Malik, buscando una explicación.
—Él es Amir, un viejo amigo mío —dijo Malik con una voz que era una mezcla de autoridad y seducción—. Esta noche quiero llevarte a un lugar nuevo, quiero que experimentes un placer que nunca antes has sentido. Confía en mí, María.
Mi primer instinto fue retroceder, pero algo en la mirada de Malik me hizo detenerme. Había una promesa de placer en sus ojos, un reto al que no podía resistirme. Era como si todo mi cuerpo ardiera con la anticipación de lo desconocido. Así que, con un suspiro entrecortado, asentí.
Malik sonrió, satisfecho, y se acercó a mí. Me desnudó lentamente, sus ademanes fueron deliberadamente lentos, como si quisiera saborear cada momento. Amir observaba desde la cama, sus ojos oscuros recorriendo cada centímetro de mi piel expuesta, lo que solo aumentaba mi excitación. Era como estar en una fantasía prohibida, algo que jamás habría imaginado para mí misma.
Malik me guió hacia la cama, haciéndome sentar entre él y Amir. Ambos estaban completamente vestidos, lo que me hacía sentir aún más vulnerable, más expuesta. Malik se colocó detrás de mí, sus manos recorriendo mi cuerpo desnudo, mientras Amir se inclinaba hacia adelante, sus labios rozando los míos en un beso que me sorprendió por su ternura. Sentí sus manos acariciando mis muslos, acercándose cada vez más a mi sexo, que ya estaba húmedo de anticipación.
Los dos hombres me tocaron al unísono, sincronizados en un ritmo que me hizo perder la cabeza. Malik mordisqueaba mi cuello mientras sus manos masajeaban mis pechos, sus dedos jugando con mis pezones, endureciéndolos con cada caricia. Al mismo tiempo, Amir descendió entre mis piernas, su lengua caliente encontrando mi clítoris con una habilidad que me hizo gemir alto, mis manos aferrándose a las sábanas.
—Dios… no puedo… —jadeé, mi cuerpo ya temblando con oleadas de placer.
—Sí que puedes, María —me susurró Malik al oído, su voz ronca—. Deja que te llevemos más allá.
No había forma de resistirme. Sentí cómo mis paredes se contraían alrededor de los dedos de Amir, quien ya los había deslizado dentro de mí, mientras su lengua seguía lamiendo mi clítoris con una precisión que me tenía al borde del orgasmo. Y justo cuando estaba a punto de venirme, Malik tiró de mí hacia él, girándome para que quedara en sus brazos, con mi espalda apoyada contra su pecho.
—Ahora es mi turno —dijo con una sonrisa oscura.
Sentí cómo Amir se levantaba de la cama, comenzando a desvestirse. Malik me levantó de nuevo, sus manos firmes guiándome para que quedara a cuatro patas en la cama. Mi corazón latía con fuerza, la mezcla de nerviosismo y deseo era abrumadora. Sentí cómo Malik alineaba su erección con mi entrada, penetrándome con un movimiento lento pero firme. Solté un grito ahogado, sintiendo cómo me llenaba por completo.
Mientras Malik me embestía desde atrás, sentí la presencia de Amir frente a mí. Sus manos fuertes tomaron mi rostro, obligándome a mirarlo. Sus ojos eran oscuros y llenos de deseo. Antes de que pudiera procesar lo que estaba ocurriendo, él guió su miembro erecto hacia mi boca. Yo, perdida en el frenesí de placer, lo tomé sin vacilar, dejando que su dureza se deslizara entre mis labios.
La sensación de tener a ambos hombres tomándome, uno en mi boca y otro en mi interior, era abrumadora, como un torrente de sensaciones que no podía contener. Malik aumentaba el ritmo de sus embestidas, golpeando mi punto G con cada entrada, mientras Amir empujaba suavemente en mi boca, cada centímetro enviando ondas de placer que se entrelazaban en mi cuerpo.
Mis gemidos fueron apagados por el miembro de Amir, pero eso solo intensificaba el éxtasis que sentía. Malik se inclinó sobre mí, susurrándome al oído palabras sucias que me hacían estremecer aún más. Sentía cómo cada embestida, cada caricia, cada mirada entre ambos hombres me llevaba más allá de cualquier cosa que hubiera imaginado.
Y entonces llegó el clímax. Fue como un terremoto que sacudió cada fibra de mi ser, un orgasmo tan intenso que me dejó temblando y jadeando, mis paredes apretándose alrededor de Malik, quien soltó un gruñido gutural antes de derramarse dentro de mí. Amir, sintiendo mis gemidos intensificarse, también se liberó en mi boca, y yo lo tomé todo.
Nos desplomamos en la cama, nuestros cuerpos enredados, sudorosos y satisfechos. Malik me acarició el cabello mientras Amir besaba suavemente mis labios, un contraste entre la pasión salvaje y la ternura inesperada.
Esa noche, supe que había cruzado una línea de la que no había vuelta atrás. Había explorado un lado de mí misma que nunca supe que existía, y aunque me sentía llena de culpa al pensar en Javier, no podía negar el deseo que ahora corría por mis venas. Malik y Amir habían abierto una puerta que no podía cerrar, y no estaba segura de querer hacerlo.
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